Evangelismo

Ultimas fotos

viernes, 12 de mayo de 2017

LO INESPERADO

“El acusador respondió: ‘Pues no de balde te sirve con tanta fidelidad. Tú no dejas que nadie lo toque, ni a él ni a su familia ni a nada de lo que tiene; tú bendices todo lo que hace, y él es el hombre más rico en ganado de todo el país. Pero quítale todo lo que tiene y verás cómo te maldice en tu propia cara’” (Job 1:9-11).

Cuando mordí aquel pastel de chocolate caliente con caramelo líquido por encima, mis dientes se hundieron en algo extraño. Parecía pollo. Sabía a pollo. Lo escupí, asqueada, y estaba claro que era pollo. Como pude confirmar poco después, ¡era pollo! Un trozo enorme de pollo en medio de mi postre de chocolate, donde debía haber habido helado de vainilla. ¡Qué asco! A lo mejor a otro le hubiera gustado, pero a mí… No me gusta la sensación de esperar una cosa y encontrar otra.


Pues precisamente eso es lo que sucede con el libro de Job. Cuando comienzas a leerlo, tienes ciertas expectativas con respecto a Dios, pero encuentras algo diferente. Todo el Antiguo Testamento muestra un patrón muy claro: si eres fiel a Dios, vives un vida llena de bendiciones; si te apartas, ya puedes empezar a prepararte porque en seguida llegarán los problemas. Así de sencillo. Sin embargo, eso no es lo que sucede en este libro. Job es un hombre intachable, recto, que cumple todos los mandamientos de Dios.


Todo debería salirle bien y debería recibir muchas bendiciones, ¿no es cierto? ¿No es ese el patrón que descubrimos en el Antiguo Testamento? Pues Job lo pierde todo: su ganado, sus sirvientes, todos sus hijos e hijas, uno detrás del otro. Y, por si esto no fuera suficiente, Job se llena de llagas de pies a cabeza. Y ¿Dios lo permite? La verdad, no parece justo.Aparentemente, Job tampoco lo entendía. No se daba cuenta de que existe un gran conflicto entre Dios y Satanás. Éste había acusado a Job de ser fiel a Dios por interés, porque Dios lo bendecía con muchas posesiones.


Satanás decía que, si Job se quedaba sin nada, se apartaría de Dios. Sin embargo, Dios conocía a Job; sabía que su corazón era sincero y que estaba convertido. A su vez, Dios sabía que Job, aunque efectivamente gozaba de muchas bendiciones, amaba a Dios. Cuando Dios permitió que Satanás destruyera las posesiones de Job y quitara la vida a sus hijos, la relación de Job con el Señor se mantuvo intacta, a pesar de que Job estaba confuso y tenía muchas preguntas.


¿En qué se basa tu relación con Dios? ¿Tal vez en lo que él te da? ¿En lo que hace por ti? ¿O lo amas pase lo que pase?

No hay comentarios:

Publicar un comentario