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sábado, 6 de mayo de 2017

LEVANTANDO GENERACIONES

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.”
Génesis 12:1-3

Dios quería hacer valer la fe cristiana en las familias de la tierra a través de Abraham. Cuando Dios salva a Jacob, y le dice que no lo dejaría, Dios no le promete prosperidad para que Jacob pensara que lo estaba haciendo por él. Dios le promete prosperidad y cuidado para la simiente de Jacob, que estaba en la línea que Dios había escogido por medio de Abraham. Dios cuida a Jacob para que la semilla se guarde porque de ahí vendría el linaje de Cristo. Así que Dios bendice a Jacob para asegurarse que la semilla llegara a donde tenía que llegar. Lo que Dios hace por ti, no lo hace por ti meramente, es por la semilla que está dentro de ti, que Él quiere que dé fruto a largo plazo.

Cuando miramos estos versos, vemos que la meta de Dios no es levantar a un hombre, sino generaciones completas. El problema de la iglesia es que tienen “súper estrellas”, pero Dios no está interesado en eso, Él está interesado en generaciones completas. Una nación no cambia porque haya un buen predicador, lo que cambia una nación es que haya personas en cada casa y en cada lugar, que modelen el mensaje de Cristo. En el Antiguo Testamento, vemos que hay “superhéroes”, hay un Abraham en toda una época. Más atrás, había millones de personas, solo había un Noé, y solo se salvaron ocho personas. Entre todos los judíos que estaban en Egipto, se levantó un solo Moisés, y de esa generación, solo dos entraron a la tierra prometida. Admiramos a Josué y Caleb por haber podido entrar a la tierra prometida, pero la promesa no era solo para ellos, era para todo el pueblo que había salido de Egipto. El problema es que el pueblo de Israel no fue discipulado, nadie se tomó el tiempo de enseñarles.

En la Biblia, el juez Gedeón tenía un ejército de treinta y dos mil hombres, versus un ejército enemigo de ciento treinta y cinco mil. Dios le dice a Gedeón que tenía demasiados hombres. Gedeón se queda con solo diez mil hombres, pero Dios aún le dice que tiene demasiados. Dios le dice a Gedeón que solo los hombres que, cuando fueran a beber al río, llevaran el agua a su boca con la mano, esos serían sus soldados. Se quedó con solo trecientos hombres, pero estos estaban despiertos, alertas. Ese grupo era el que haría que la nación completa cambiara.

Tienes que entender, hoy, que el discipulado no es para superestrellas, sino que es para gente que entiende que tienen que cambiar a las personas uno a uno. Va a tomar tiempo, pero la nación cambia, no cuando hay uno reconocido, sino cuando en todo lugar haya gente que predique el evangelio. Nuestro trabajo no es levantar superestrellas, sino levantar generaciones completas que prediquen la Palabra del Señor, gente que no se avergüence de caminar como un cristiano. Se necesitan personas que sean reales, que tengan sus imperfecciones, pero que sepan pedir perdón y creerle a Dios. El Señor está buscando cambiar generaciones completas, y ese es tu trabajo. Tienes que levantar gente que pueda vivir de la manera que Dios quiere. Estás aquí para cuidar la simiente de nuestro Señor Jesucristo, lo que hizo en la cruz del Calvario, y su estilo de vida. Esa es la forma en la que nos aseguramos que la confusión que hay en el mundo no entre en sus vidas.

Hay personas que no se motivan a trabajar por nada, no se motivan a leer la Palabra de Dios, ni siquiera a ir a la iglesia. ¡Tienes que despertar! Si estás comprometido con tu sociedad y con lo que Dios ha dicho que tienes que hacer, vas a invertir lo que sea por las almas. El problema de mucha gente es que dicen que son cristianos, pero no financian las cosas correctas. No están dispuestos de pagar el precio que requiere ganar a alguien y transformarlo. Y después se quejan de cómo están las cosas. Hace falta una iglesia que sepa que tiene que cambiar generaciones.

Tiene que haber una iglesia que se meta en todo lugar, que invierta para ganar almas, que discipule y haga despertar generaciones. Hace falta una iglesia que despierte y se levante a cambiar generaciones. Una iglesia que deje de creer lo que dice la prensa y que tomen las decisiones correctas. Paga el precio, créele a Dios, motívate a hacer algo. Personas que se puedan levantar de las drogas y de sus pecados; personas que puedan trabajar y producir. Tienes que traer personas que puedan tener un encuentro con Dios, después discipularlos y enseñarles para que puedan prosperar, crecer y vivir la vida correcta.

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