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viernes, 26 de mayo de 2017

La mano salvadora de Dios

Dios siempre es consciente de todo el panorama y de lo máximo que puede lograrse en cada situación.






El Salmo 137, 7 declara que "Tu mano derecha me salva, Oh Señor". En el simbolismo bíblico, la "mano derecha" de Dios significa el poder de Dios desplegándose para salvarnos. 

Dios no hace todo lo que queremos que haga, cuando queremos que lo haga, de la forma en que queremos que lo haga. Para Pablo y Silas, la poderosa mano de Dios no abrió las puertas de la prisión sólo porque pidieron ayuda. Había más en juego que las vidas de estos dos hombres. Ten en cuenta las otras personas que fueron tocadas por la intervención de Dios.

Dios siempre es consciente de todo el panorama y de todos los propósitos mayores que pueden lograrse en cada situación. Él se preocupa por las necesidades y las almas de todos aquellos que están ocasionando nuestras pruebas tanto como se preocupa por nosotros. La pregunta es, ¿estamos dispuestos a esperar su ayuda cuando otros están retrasando el proceso?

Pablo y Silas cooperaron con el plan de Dios permaneciendo centrados en Jesús a través de oraciones e himnos alegres. Ellos podrían haberse permitido distraerse por las terribles condiciones de su encarcelamiento y el desastre que había detenido su ministerio y que, por lo que sabían, pondría fin a sus vidas. Habrían podido estar resentidos y enojados con quienes los habían detenido. Podrían haber estado lamentándose que era todo tan injusto.

Como tan a menudo lo hacemos.

Sin embargo, optaron por confiar en Dios sin importar lo que había ocurrido o pudiera ocurrir. Ellos creyeron que, dado que Él era más poderoso que las fuerzas que los habían puesto en prisión, sus problemas actuales se habían vuelto parte de un plan que de alguna manera beneficiaría a su reino. Y, como ellos no querían nada más que ser un beneficio para su reino, cerraron sus ojos ante la evidencia del mal y abrieron sus ojos a la presencia de Dios.

¡Podemos hacer esto también!

Sólo cuando estamos abiertos y enfocados en la presencia de Dios somos capaces de saber qué hacer cuando finalmente se manifieste la fuerza salvadora de Dios. Si hubiéramos estado en las sandalias de Pablo y Silas, ¿hubiéramos huido de la cárcel tan pronto como se abrieran las puertas? En Hechos 12, Pedro estaba en una situación similar, y Dios (a través de un ángel) le hizo hacer exactamente eso. Pero esta vez no. A través de la difícil situación de Pablo y Silas, Dios extendió su mano hacia el carcelero y su familia. Gracias a que Pablo y Silas fueron sensibles a la voluntad de Dios, cooperaron con su mano salvadora y se convirtieron en los socios que Él seleccionó para traer a otros hacia la salvación.

¡Qué fantástico permitir que Dios convierta nuestros problemas en un plan que ayude a los demás!

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