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viernes, 26 de mayo de 2017

EL SEÑOR PELEA MIS BATALLAS

“Lo que yo hago, nadie puede desbaratarlo” (Isa. 43:13, NVI).

Estudié Periodismo en la universidad. Un semestre, las clases de periodismo radial fueron transferidas para los Sábados. Como creo que este es el día para descansar en Dios y adorarlo, entonces oré. Al principio, hice arreglos con el profesor para poder asistir un día diferente, con otro grupo de estudiantes. Sin embargo, semanas más tarde él se echó atrás. Ahí comenzó la batalla.Mi madre oró, e invitó a otras personas a orar. Hice una solicitud en Secretaría para que me permitieran seguir con la asignatura.


La petición fue aceptada por los administradores del programa, pero no por el profesor. El asunto se discutió en la sesión plenaria, con decisiones a mi favor. Una clase especial se creó los miércoles con otro profesor. Descontento con la decisión, el profesor de la materia trató de frenar aquella clase, con la intención de retrasar mi programa un año. ¡Pero Dios me habló! Me dijo: “Ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el Señor les dará” (2 Crón. 20:17, NVI).
Con esta seguridad, seguí las indicaciones de Dios. Mi petición había pasado al Consejo Superior de la universidad, integrado por 350 profesores. En ese momento, Dios me dijo: “¡No tengan miedo ni se acobarden! Salgan mañana contra ellos, porque yo, el Señor, estaré con ustedes” (vers. 17). Después de una reunión, el Señor me dio la victoria. El Consejo no solo autorizó mi arreglo de la clase, sino también se hizo una declaración de que, en Periodismo, no debe haber más clases obligatorias programadas para los sábados.


Pero todavía tenía una preocupación: mi hermana Thais, que también estaba estudiando periodismo, teóricamente tendría que tomar una clase con el mismo profesor que me perseguía. Sin embargo, con fe ella exclamó: “Si no es la voluntad de Dios, él no va a ser mi maestro”. Y no lo fue. Aquel profesor consiguió una licencia para ausentarse de la universidad, precisamente el mismo semestre en que mi hermana tenía que tomar la clase que él impartía.¡Y Dios hizo mucho más! Me permitió terminar el programa antes de lo previsto. Los beneficios de confiar en Dios son incontables.

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