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domingo, 7 de mayo de 2017

EL GRAN EJEMPLO

El concepto de discipular existía en el Antiguo Testamento aunque no se le conocía bajo el mismo término. El concepto de discipular comenzó antes de Cristo, pero comenzó a evolucionar en Cristo y después de Cristo. Mucha gente piensa que no existe la responsabilidad de discipular porque Pablo no utiliza el término. Pero, aunque Pablo no utiliza el término discipular, sí habla de ser instructor, de tener pupilos, de tener obispos, de enseñar, de gente que modele, todos sinónimos de discipular. Con el tiempo, los hombres con la religión desvirtuaron el discipular en un momento dado. ¿Cómo lo desvirtuaron?

Mateo 5 comienza con el Sermón del Monte, en donde Jesús les dice a sus seguidores en qué manera deben dirigirse, comportarse. Se muestra a un Jesús que comienza a cuidar de sus discípulos y a darles la cultura que Él quiere que ellos imiten, la cultura que Él quiere que ellos tengan. Les dice: Este es nuestro modelo, así es que vamos a actuar y a mirar la vida.

Entre Mateo 5 y los capítulos 6 y 7, Jesús comienza a hacer contraste entre sus enseñanzas y lo que sus discípulos habían aprendido. En Mateo 5, después de las bienaventuranzas, Jesús les dice: “Vosotros sois la sal de la tierra…” (v.13), “…la luz del mundo…” (v.14), “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” (v.17-18) Y continúa hablando de la ira, el adulterio, el divorcio, los juramentos, el amor, los enemigos, la limosna, la oración, el ayuno, de los tesoros en el cielo. En Mateo 7:13, te habla de la puerta estrecha, de los dos cimientos. En todos estos, Jesús está comparando y diciendo: Esto es lo que dice la ley, esto es lo que hace el mundo, pero nosotros vamos a actuar de otra manera, nosotros viviremos de manera diferente. Ustedes deben escoger cómo van a vivir, en dónde se van a fundamentar, por dónde vas a entrar, si por la puerta estrecha o por la ancha; ¿a quién vas a seguir?

¿Dónde estaba la perversión de la religión y cuál era la diferencia del llamado de Cristo? Muy sencillo, todos los maestros de la ley enseñaban al hombre a seguir la ley, mientras que Cristo les enseñaba, a que no miraran la ley, sino que lo siguieran a Él. Les enseñaba: Mírame a mí, mira como yo lo hago, sed mansos como yo soy manso.

La diferencia de estas dos maneras de enseñar es que Jesús buscaba que sus discípulos aprendieran por su modelaje y los maestros simplemente buscaban poner culpa y condenación en el momento que no pudieran seguir la ley. El ser humano aprende por modelaje; enseñar algo que no eres capaz de modelar no tiene el efecto que deseas en tu estudiante. Los padres que le dicen a sus jóvenes “haz lo que yo te digo, no lo que yo hago” lo que hacen es enviarle a sus hijos un mensaje confuso. No pueden hacer lo que dices, porque ellos aprenden de lo que están viendo que tú haces.

Tú, como creyente, tienes que saber que tu meta para ser discípulo de Cristo no es seguir la ley, sino imitarlo a Él. Para tú imitarlo a Él, para ser y hacer discípulos, la meta es enseñarle a la gente lo que la Biblia dice y ha hecho en tu vida, no es solo decirle lo que tienen que hacer, sino: Mira cómo yo hago lo que dice la Palabra que tenemos que hacer. Es decirle a otros: Mira cómo actúo, camino, mira cómo yo lo hago. Si no enseñas de esta manera, caerás en el mismo juego de los religiosos que señalan a la ley, a las reglas, simplemente para juzgar, condenar, para hacerte sentir mal, para ponerte un estándar que ni ellos pueden seguir. El Señor, el Todopoderoso al que le servimos, no vino a señalar la ley, sino a decirte: Mírame a mí, y hazlo como yo lo hago.

Entiende que Jesús vino, no a ser la gran excepción, sino a ser el gran ejemplo. Y tú estás en este mundo para modelarlo y para que la gente, a través de ti, vea realmente qué es lo que tienen que hacer. No tienes que ser un experto en Biblia para hacer discípulos, pero sí debes enseñarle a los que te rodean, lo que has aprendido de la Palabra, y cómo lo has aplicado a tu vida. Tú debes enseñarle a todos el resultado de lo que Dios ha hecho contigo. Que a dondequiera que tú vayas, la gente pueda ver que tu forma de vivir trae buenos resultados, para que, cuando te vean, quieran y te puedan seguir y seguir al Dios al que tú sigues.

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