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viernes, 5 de mayo de 2017

Cuando Dios mueve nuestro Corazón

Constantemente tenemos dentro nuestro una batalla de elegir lo que hemos de hacer o como hemos de reaccionar ante la circunstancia que se nos presenta. ¿Hago lo que YO creo que es correcto o hago lo que DIOS dice que hay que hacer?


Todo hijo de Dios tiene este conflicto, es el nivel más básico de nuestra lucha espiritual, luego nos movemos a otro aspecto: Cuando no hay ninguna circunstancia o problema pero puedo decidir hacer algo al respecto. Puedo dar una ofrenda, ayudar a otro, regalar algo, hacer algo sin que me lo pidan, etc.

Todo esto es porque el Señor constantemente se está moviendo en nuestros corazones, queriendoterminar aquella obra que él ha comenzado el día en que creímos (filipenses 1.6), constantemente el Espíritu santo está buscando hacer su obra en nosotros. “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. ” (Juan 16.8-9, RVR60)[1] El Espíritu Santo está constantemente moviéndonos a darnos cuenta que hemos pecado, también nos mueve a buscar la justicia de Dios en vez de los valores humanos solamente; y tercero nos recuerda como cristianos acerca de la importancia de mantener la eternidad en perspectiva de todo lo que hacemos en la vida en la tierra. Y aun mas, Dios pone en nosotros el “querer como el hacer por su buena voluntad” (Fil.2.13)

Mi pregunta es ¿Qué hacemos cuando Dios mueve nuestro corazón hacia su voluntad?Constantemente el Espíritu nos dice “no deberías hablar así; se generoso !eso es orgullo!, no mires con lujuria, no busques bajar a otro, se honesto, no digas mentiras, búscame, mejor lee la Biblia en vez de ver televisión, arrepiéntete, deja esto o aquello, etc.” Todo el día el Espíritu está intentando poner en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad, y nosotros ¿Qué hacemos cuando Dios mueve nuestro corazón hacia su voluntad?


Un Corazón Duro y Dormido


A medida que el tiempo avanza nos damos cuenta que hay cosas de nuestras vidas, hábitos y formas de hacer las cosas que no son muy fácil de rendir a Dios. A veces uno opta por “estancarse” y otros por seguir haciendo lo mejor que pueden hasta triunfar. Yo creo que Dios nos está moviendo en este tiempo a una vida de mayor fe y comunión con él, pero que el enemigo está haciendo de todo para distraernos y cegarnos a esta realidad.


En 2 Samuel 11 comienza el famoso relato en donde David comete adulterio con Betsabé y asesina a Urías. ¿Podrías levantar tu mano y decir “Yo soy una persona conforme al corazón de Dios”? Yo creo que no, y si esto le sucede a un hombre conforme al corazón de Dios, entonces nosotros que no hemos llegados a eso todavía debemos prestar atención para aprender de su error. Aun un hombre conforme al corazón de Dios no esta exento de la tentación del pecado, y debe siempre obedecer la voz de Dios y no poner un corazón indiferente.


En el 11.2 dice “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real;[2]” Plena tarde, se levanta de estar echado en la cama, y aburrido se paseaba por la terraza… ¿es esta la descripción de tu vida espiritual?


Avancemos, la historia ya la conocemos. Vamos a leer 2 Samuel 12.1-7b.
Es increíble lo cegados que a veces podemos estar ante nuestro propio estilo de vida. Que sabemos muy bien lo que está mal y que no, y podemos predicarlo con toda la pasión del mundo a cualquier persona que nos pregunte de cualquier tema, o nos pida consejo. Sin embargo, cuando se trata de nosotros muchas veces tenemos un corazón “que duerme hasta la tarde y cuando se levanta solo es para dar vueltas en la terraza”.


¿Qué hacemos cuando Dios mueve nuestro corazón hacia su voluntad? Es increíble que cuando queremos hacer algo, pero sabemos que Dios no está de acuerdo, nos transformamos en los Robin Hood del bosque, decimos “le robamos al rico para darle al pobre”. Buscamos cualquier medio para convencernos a nosotros mismos que lo que queremos hacer “no esta tan mal”, y de esta forma tiramos a la basura lo que Dios quiere hacer en nosotros.
Hacemos decisiones y compromisos de “comer más saludables” pero cuando tenemos que decidir entre una ensalada y una hamburguesota de Burger King comenzamos “bueno mañana me como la ensalada y hasta un amanzana, tampoco me voy a morir hoy, es mas quizás mañana ni tenga dinero para el combo, o sea que si Dios me dio el dinero es para que yo lo aproveche y sea feliz”. ¡Nos mentimos a nosotros mismos!


EJEMPLO: Me acuerdo yo una vez parado en el semáforo del rancho Navarra, que siempre paso por ahí, pensando “no, mejor a este no le doy nada sino va a querer que siempre le dé por que siempre paso por acá” ¡mentiroso! ¿Acaso no hay que dar sin andar preguntando y cuestionando?

Escuchamos y sabemos la voluntad de Dios y fácilmente le apuntamos el dedo a cualquier pecador, pero en nuestra propia vida no queremos aceptar lo que está pasando. Nos hacemos los desentendidos, y Dios sigue intentando hablarnos y movernos hacia su voluntad.


Ahora quiero aclarar algo muy importante, no solo estoy hablando de pecados gruesos, no. Estoy hablando de cualquier cosa que Dios te impulsa a hacer. A orar, pero decimos “no tengo ganas”, a responder el llamado de Dios, “no estoy listo ahorita”; a buscar a Dios en tu casa “Dios sabe que estoy muy ocupado, el me dio este trabajo de todas formas”.


¿Qué hacemos cuando Dios mueve nuestro corazón hacia su voluntad? ¿Qué ha estado el Señor hablándote este año? ¿Has tratado de ignorarlo, de callar esa voz con excusas o razonamientos?


MATEO 8:28-34: La destrucción de su dinero o negocio fue tan grande para ellos, que no les permitió ver el mover de Dios en medio de ellos. Estaban enfocados en cualquier otra cosa, y se perdieron al mismo Cristo frente a ellos.

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