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martes, 25 de abril de 2017

IDENTIFÍCATE CON LA HISTORIA

«Jesús fue a Nazaret, el pueblo donde se había criado. El sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso de pie para leer las Escrituras. Le dieron a leer el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el lugar donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor”.


Luego Jesús cerró el libro, lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los que estaban allí tenían la vista fija en él. Él comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido la Escritura que ustedes acaban de oír”. »Todos hablaban bien de Jesús y estaban admirados de las cosas tan bellas que decía. Se preguntaban: “¿No es este el hijo de José?”. »Jesús les respondió: “Seguramente ustedes me dirán este refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Y además me dirán: ‘Lo que oímos que hiciste en Capernaúm, hazlo también aquí en tu propia tierra'”.


»Y siguió diciendo: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. Verdaderamente, había muchas viudas en Israel en tiempos del profeta Elías, cuando no llovió durante tres años y medio y hubo mucha hambre en todo el país; pero Elías no fue enviado a ninguna de las viudas israelitas, sino a una de Sarepta, cerca de la ciudad de Sidón. También había en Israel muchos enfermos de lepra en tiempos del profeta Eliseo, pero no fue sanado ninguno de ellos, sino Naamán, que era de Siria”.


»Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enojaron mucho. Se levantaron y echaron del pueblo a Jesús, llevándolo a lo alto del monte sobre el cual el pueblo estaba construido, para arrojarlo abajo desde allí. Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue» (Lucas 4: 16-30).


A veces la verdad es dolorosa. Eso fue lo que sucedió cuando Jesús dijo la verdad y muchos de los que lo escucharon se enfurecieron. En su estado desquiciado, la turba lo llevó a un precipicio con la intención de arrojarlo. Pero sus planes se frustraron al llegar al pináculo. Lucas dice: «Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue». ¡Un momento! ¿Cómo es eso? La sierva del Señor arroja más luz sobre este incidente cuando declara «Le llevaron hasta la orilla de un precipicio, con la intención de despeñarle. Gritos y maldiciones llenaban el aire. Algunos le tiraban piedras, cuando repentinamente desapareció de entre ellos. Los mensajeros celestiales que habían estado a su lado en la sinagoga estaban con él en medio de la muchedumbre enfurecida. Le resguardaron de sus enemigos y le condujeron a un lugar seguro».

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