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viernes, 14 de abril de 2017

DIOS LLENA TU NECESIDAD

Todos buscamos, de alguna manera, ser aceptados. Queremos ser parte de un grupo, o ser parte de algo para sentirnos aceptados. Muchas personas dirán que no les importa lo que digan las otras personas, pero en realidad importa. Y, aunque a veces queremos dar por menos las cosas que piensan de nosotros, la realidad es que el ser aceptado es una necesidad que está en nuestro interior. Es por eso que el evangelio es la mejor solución para nosotros satisfacer la necesidad de ser aceptados.

“Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios. 8Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, 9y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito…” Romanos 15:7-9

El mensaje de Pablo constantemente hablaba a un grupo de personas que los judíos decían que no tenían derecho a las promesas de Dios. Él estaba constantemente enseñándoles a los gentiles que eran aceptados; cuando le predicaba a los judíos, les decía que los gentiles habían sido aceptados. Pablo sabía que el hecho de que una persona fuera aceptada por Dios, y que esa persona lo entendiera, cambiaría su forma de actuar y de ver la vida para siempre. El evangelio tiene el poder de transformar tu corazón, con la seguridad de que has sido aceptado por Dios. Eres parte del cuerpo de Cristo y, como la Biblia dice, aquellos miembros que no tienen tanta belleza, Él los decora con más belleza. Cuando miras la Palabra de Dios, está la constante intención de hacerte sentir parte de todo y aceptado.

A través de los tiempos, se ha dicho que lo más grande que Dios le dio al hombre, cuando lo hizo en el Edén, fue el libre albedrío; esto es, la capacidad de decidir. Pero realmente eso no es lo más grande que tienes, porque antes de que le diera libre albedrío, le dio algo al hombre que, sin eso, no hubiera servido para nada. Antes de dar el libre albedrio, Dios hizo al hombre un alma viviente. El regalo más grande que Dios te dio fue darle vida a tu alma para hacerte consciente. Hay personas que dicen que, si pudieran ver a Dios, e hiciera un milagro en frente de ellos, entonces creerían en Él. Pero todo aquel que basa su fe en lo que ve, realmente está obligado a creer por causa de lo que vio. Por eso Cristo dijo que bienaventurados son aquellos que no vieron y creyeron. La prueba de verlo te quita el libre albedrío, porque ya tienes que creer. Por eso, tu alma viviente tiene que gobernar tus decisiones; porque, si no la tuvieras, serías igual a un animal, que está obligado a actuar bajo los instintos.

Cuando Dios hace al hombre, sopla de su Espíritu y le da un alma viviente. Entonces, el libre albedrío sí tiene función, porque tu espíritu despierto es lo que controla tus decisiones. Tú tuviste libre albedrío cuando le entregaste tu vida al Señor porque, cuando se te predicó el evangelio, eso despertó tu corazón. No vino de una decisión que hiciste, fue el poder del evangelio lo que te dio la capacidad de ver lo que antes no había visto, y ahora poder creer. Antes de entregarle tu vida a Dios, pensabas que estabas haciendo uso del libre albedrío, pero realmente no decidías tú, lo hacían otros por ti. Antes decidía tu cuerpo, tu ego, y hasta otras personas, pero no tú. Pero, cuando Dios despierta tu corazón, ahora es que puedes decidir hacer lo que te haga sentir bien, lo que te haga lucir bien, o hacer lo correcto.

El problema de Adán fue que, cuando decidió mal, no aceptó su responsabilidad, sino que enseguida comenzó a responsabilizar a otros de su error. Cuando permites que el pecado se meta dentro de ti, empiezas a responsabilizar a los demás, no aceptas que te equivocaste ni pides perdón por tu error. Tienes que entender que, a pesar de tu error, eso no hace que Dios te rechace; ahí es donde recibes tu redención. Si Adán hubiese aceptado su culpa y hubiese pedido perdón, muy probablemente Dios lo hubiera perdonado. Ahora, aquel hombre que tenía un alma viviente, mata su alma él mismo y no se da cuenta. Entonces, ahí pierde su libre albedrío y comienza a ser gobernado por sus mismos instintos, lo que provoca que busque la manera de ser aceptado.

Adán cose unas hojas de higuera para cubrirse, para ocultar su vergüenza, pero lo grande de Dios, en su misericordia, es que Dios le hizo un vestido de pieles para cubrirlo completo. Lo hizo para dejarle saber que, comoquiera, Él lo aceptaba y, aunque no había aceptado la responsabilidad de sus actos, Dios iba a buscar la manera de rescatarlo. Algún día tienes que entender que, a pesar de tus errores, sigues siendo aceptado y amado por Dios. Todo esto te dará la oportunidad de tomar autoridad en tu vida, y tener libertad en tus pensamientos.

El poder del evangelio viene cuando no dependes del mundo para sentirte amado y aceptado, porque Dios llena esto en tu vida; viene cuando eres capaz de admitir tus errores, y puedes entonces recibir el perdón, y el aliento de Dios entra nuevamente en ti para darte vida. El evangelio es lo que te da libertad para vivir fuera de las opiniones, y saber delante de quién debes rendirte, porque sabes quién te aceptó a pesar de tu condición. Ese amor es el que te da vida, para que, desde hoy en adelante, puedas usar tu libre albedrío bajo el alma viviente que despertó tu vida, que fue la Palabra de Dios.

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