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domingo, 22 de octubre de 2017

El peligro del enojo

EFESIOS 4:26,27 “26 Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe durarles todo el día, ni deben darle al diablo oportunidad de tentarlos.”


Hoy descubriremos el principio de DIOS para evitar el resentimiento prolongado.
Es importante entender que los creyentes podemos tener momentos de enojo y aún así seguir estando bien con DIOS. Pero la ira que se guarda por mucho tiempo es una oportunidad para Satanás. Éste planta con rapidez justificaciones en nuestra mente: Esa persona merece que le grites. ¡No debes ser tratado de esa manera! DIOS te entiende. Al dar excusas a las personas para construir una defensa que les permita albergar tu ira, Satanás crea una muralla en sus vidas. Son necios el hombre o la mujer que permiten que la ira se anide en su corazón (Eclesiastés 7:9).


No debemos poner ni un sólo ladrillo para esa fortaleza del diablo. Más bien, los creyentes debemos responder a la provocación perdonando a los demás como DIOS perdona. Su misericordia es incondicional; no hay falta que ÉL no perdone. Los creyentes no pueden estar delante de DIOS si justifican el albergar ira por largo tiempo. Por tanto, tenemos que dejarla ir por medio del perdón.
Podemos protegernos más aún si identificamos lo que nos irrita con frecuencia. Cuando esas situaciones (o personas) surjan, debemos pedirle a DIOS que nos haga prontos para oír, tardos para hablar, tardos para la ira(Santiago 1:19). Ese es el fruto espiritual del dominio propio en acción.

La ira sólo produce malas relaciones y mal testimonio.
El creyente sabio hace dos cosas para enfrentarla:
Primero, sigue las numerosas amonestaciones que hay en la Biblia acerca de este peligroso sentimiento, y se mantiene alerta.
Y, segundo, renuncia a su ira en favor del perdón.

OREMOS: Padre Celestial. No me dejes caer en tentación y líbrame del maligno. Ayúdame a eliminar la ira que tengo pues le estoy dando lugar al mal. Te lo pido en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, amén.

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La venganza es del Señor

El pensamiento del Día

Para que podamos tener una familia fortalecida y estable en Dios.Debemos ser diligentes y, en todas las áreas, andar “como sabios”, “no como necios”. El necio se deja llevar por lo que ‘quiere’ y ‘le gusta’, cediendo a la tentación, codicia, placeres de este mundo, no valorando lo que Dios le ha dado. Mas el sabio sigue losprincipios, normas y voluntad de Dios, cuidando, amando, respetando a su familia en todo momento y circunstancia.


Mirad, pues con diligencia como andéis, no como necios

sino como sabios…Por tanto, no seáis insensatos, 

sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.Efesios 5:15,17

Dejar la “pre” ocupación

Preocuparse significa permitir que algo esté dando vueltas y vueltas en la mente y que le robe la paz. Pregunto… ¿Hay algo que te preocupa?

Alguien dijo una vez que preocuparse es estar pre (antes) ocupados; es decir es estar ocupado antes de que las situaciones realmente sean agobiantes.

Me he dado cuenta de que muchas de las cosas que le preocupan a la gente son cosas que, o no son reales, o son temas que pudieran resolverse si dedicaran un poco de su atención en la solución.Dios no quiere que vivas preocupado(a) o ansioso(a) por nada. Él sabe que la preocupación te roba la paz y la alegría.Cuando hay estrés causado por las preocupaciones, este afecta todas las áreas de tu vida. Tal vez hayas escuchado el dicho “el estrés y las preocupaciones te van a enfermar”


!Y eso es real!, las preocupaciones y el estrés bajan tus niveles de defensas, colocan al cuerpo en un estado de alerta permanente afectando substancialmente la salud emocional y la salud física. Quien tiene preocupaciones duerme poco, porque “la mente no para de pensar” y se afecta su sueño.Este análisis nos lleva a concluir que “no se gana nada con las preocupaciones”, pero si se pierde mucho, porque además los niveles de concentración se reducen, y espiritualmente, bajo esta condición, la persona se aleja de Dios.Decide hoy para poner fin a la preocupación en tu vida. Has como David quien en el Salmo 94 verso 19, declaró que “Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría” (NVI)


Elija estar confiado(a), alimentando su mente con las promesas de Dios.Confíe en que Dios le dará sabiduría y que en su corazón tendrá paz; así podrás tener la capacidad de avanzar hacia lo que Dios tiene reservado para ti.Oro para que todas las preocupaciones que te tienen “ocupado(a) anticipadamente”, las coloques en las manos del Señor para que puedas tener la sabiduría divina y el favor de Dios para resolverlas.


Versículo: “Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría”. Salmos 94:19 (NVI)

¡Tenemos el poder!

Leer: Romanos 7:14-25

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu (Gálatas 5:25).


El ruido fuerte me alarmó. Al reconocer el sonido, corrí hacia la cocina. Accidentalmente, había encendido la cafetera vacía. La desenchufé y tomé el mango del recipiente. Después, palpé el fondo para asegurarme de que no estuviera demasiado caliente para apoyarlo sobre la mesada, y la suave superficie me quemó los dedos, dejando ampollas en mi piel.


Mientras mi esposo me curaba las heridas, yo sacudía la cabeza, ya que sabía que el vidrio estaría caliente. Dije: «Sinceramente, no sé por qué lo toqué».
Mi respuesta después de semejante error me recuerda la reacción de Pablo ante un tema más grave en la Escritura: la naturaleza del pecado.
El apóstol admite desconocer por qué hace cosas que no debería y no hace lo que debe (Romanos 7:15). Tras afirmar que la Escritura establece qué es bueno y malo (v. 7), reconoce la lucha real y compleja entre la carne y el espíritu respecto al pecado (vv. 15-23). Al confesar su debilidad, transmite esperanza de victoria ahora y para siempre (vv. 24-25).

Cuando consagramos nuestras vidas a Cristo, el Espíritu Santo nos da poder para decidir hacer lo bueno (8:8-10) y obedecer la Palabra de Dios. Así, podemos evitar el pecado que nos separa de la vida abundante que Él promete a los que le aman. 




Señor, gracias por romper las cadenas que me sujetaban al pecado.

El Espíritu Santo nos transforma mediante su amor y por su gracia.

Si el ha cambiado nuestra vida, por que no obedecerlo?



Gálatas 5:25-26 Nueva Versión Internacional (NVI)


25 Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. 26 No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros.

Buenas Tardes

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Piedras que hablan

Leer: Isaías 53:1-6
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados… (v. 5).
Después de siglos de guerra y destrucción, la Jerusalén moderna está literalmente construida sobre sus propios escombros. De visita con mi familia, caminábamos por la Vía Dolorosa, el sendero que, según la tradición, Jesús recorrió al dirigirse hacia la cruz. Como hacía calor, nos detuvimos a descansar y bajamos al sótano fresco del Convento de las Hermanas de Sion, donde me llamó la atención un antiguo pavimento de piedras desenterrado durante unas construcciones recientes; piedras grabadas con juegos con los que se entretenían los soldados romanos en los momentos de ocio.


Esas piedras, aunque quizá de un período posterior a Jesús, me hicieron reflexionar sobre mi vida espiritual. Como un soldado aburrido en momentos de ocio, había perdido mi interés en Dios y en los demás. Me conmovió profundamente recordar que, cerca de donde estaba parado, el Señor fue azotado, insultado y maltratado mientras cargaba sobre sí mi pecado y mi rebelión.


«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53:5).


Mi encuentro con aquellas piedras aún me habla de la gracia y el amor de Jesús que es más grande que todo mi pecado. 


Jesús, gracias por tu sacrificio que me ofrece perdón y esperanza.


Nuestro pecado es enorme, pero la gracia de Dios es más grande.

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Influencia invisible

Leer: 1 Ts. 5:16-24

No apaguéis al Espíritu (v. 19).


En la Galería Nacional de Arte en Washington, D.C., vi una obra maestra titulada «El viento». Mostraba una tormenta que azotaba una zona boscosa. Los árboles altos y delgados estaban inclinados hacia la izquierda, mientras los arbustos rodaban en la misma dirección.
En un sentido más profundo, el Espíritu Santo tiene el poder para mover a los creyentes en dirección a la bondad y la verdad de Dios. Si vamos con el Espíritu, el resultado inevitable es volvernos más valientes y dispuestos a amar, y con mayor discernimiento para saber cómo manejar nuestros deseos.
Sin embargo, en algunas situaciones, aunque el Espíritu nos impulsa a la madurez y la transformación espiritual, nos resistimos. A esta actitud, la Escritura la denomina apagar al Espíritu (1 Tesalonicenses 5:19). Con el tiempo, aquello que considerábamos malo parece no serlo tanto.


Cuando nuestra relación con Dios parece distante e interrumpida, quizá se deba a que la convicción del Espíritu ha sido dejada a un lado repetidamente. Cuanto más dura esto, tanto más difícil es ver la raíz del problema. Felizmente, podemos orar a Dios y pedirle que nos muestre nuestro pecado, y si lo confesamos y nos alejamos de él, el Señor nos perdonará y reavivará la influencia del Espíritu en nosotros. 


Señor, ayúdame a reavivar la relación contigo.


Someterse al Espíritu Santo lleva a una vida correcta.

Eres amado

Un hombre, quien era iletrado, frustró el asalto en el lugar donde trabajaba. Sus compañeros que siempre se mofaban de él, le jugaron una broma pesada, aprovechando que no sabía leer, le mandaron a que le diera una carta a su jefe supuestamente pidiendo un aumento de sueldo en recompensa de un acto heroico.
Su jefe, al leer la carta notó que él no sabía realmente lo que había escrito ahí, pues en la carta pedía que le rebajaran el sueldo y no que se lo aumentaran. Llamó a sus compañeros y los confrontó, el humilde trabajador sólo les dijo: Si la gente que sabe leer trata así a una persona que no sabe, prefiero seguir siendo un analfabeto pero honrado, que no se aprovecha de la inocencia de nadie ni se burla de las limitaciones de los demás.


En ocasiones nuestro ego puede subir y creemos que somos más que otras personas solamente por el hecho de poseer bienes materiales, educación profesional, por nuestra apariencia e incluso por nuestro conocimiento acerca de Dios. Empero el Apóstol Pablo dice en Romanos 12:3 que tengamos una autoestima sana o moderada y que se base en nuestra fe en Dios: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (RVR1960)
Quizás alguna vez se burlaron de ti por tu nombre, situación o cualquier cosa y te sentiste miserable e impotente, pero debes tener siempre presente que Dios te mira con ojos de amor y para Él vales mucho, no por lo que posees o por lo que lograste, sino porque eres su perfecta creación y porque Jesús pagó en la cruz para salvarte, ¡Él pensó en ti!


Dios mira tu corazón y el esfuerzo que haces cada día, tanto para seguir su Palabra y para proveer a tu familia o para superarte; no dejes que otros determinen tu valor, al contrario, afirma tu autoestima en quien te creó.


¡No dejes de buscar en Dios el aliento que necesitas para fortalecer tu vida!