martes, 20 de febrero de 2018

Buenas Noches

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El código de circulación

Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.Romanos 3:23


Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.Santiago 2:10


Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros.Efesios 5:2


Cuando un automovilista sobrepasa el límite de velocidad autorizado, infringe el código de circulación. Quizá solo haya cometido una sola falta; no obstante, infringió el código de circulación. ¡No imaginaríamos a un automovilista, detenido debido a un exceso de velocidad, justificarse diciendo que nunca se ha pasado un semáforo en rojo! ¿Qué conductor podría pretender no haber transgredido nunca el código de circulación?


En la Biblia, la ley de Dios dada a Moisés era perfecta, y los israelitas tenían que respetarla punto por punto. La experiencia mostró que ese pueblo no obedeció esa ley. ¡Nadie hubiese podido hacerlo! Por supuesto, la gran mayoría de nosotros no ha transgredido el mandamiento que dice: “No matarás”. Pero, ¿quién no ha desobedecido el que dice: “No codiciarás”? (Éxodo 20:13, 17).

Todos hemos desobedecido a Dios. Todos, menos uno, Aquel que vino al mundo hace 2.000 años, Jesucristo, el hombre perfecto, quien cumplió toda la ley de Dios (Mateo 5:17). Pero hizo mucho más que cumplir la ley: aceptó morir crucificado, por amor a nosotros, para que Dios perdonase todos nuestros pecados.
No es, pues, tratando de obedecer una ley cómo seremos hechos justos ante Dios, porque siempre fallaremos en un punto u otro. Pero el Evangelio nos trae una buena noticia: Dios nos declara justos si creemos en el sacrificio de Jesucristo, quien se entregó a sí mismo por nosotros.


2 Reyes 23:21-37 – 1 Timoteo 6 – Salmo 74:12-23 – Proverbios 18:1


El huerto de los Olivos

Saliendo (Jesús), se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar… puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.Lucas 22:39-42


Jesús instituyó la Cena estando en Jerusalén. Después de su ascensión al cielo, ese pan y esa copa deben perpetuar entre los suyos reunidos para rendirle el culto de adoración, el recuerdo de su persona y de su muerte.
Después de esa cena Jesús, acompañado por los doce discípulos, tomó el camino que lo llevaba al huerto de los Olivos. Sabiendo que iba a morir en la cruz, Jesús se postró en tierra… Su alma estaba “muy triste, hasta la muerte” (Marcos 14:34). Suplicó a su Padre que si era posible pasase de él esa prueba. El Santo, el Justo, tenía ante sí todo el horror del pecado del mundo. Sabía que Dios tenía que abandonarlo cuando llevase sobre sí mismo el pecado para expiarlo. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5:21).


Su lucha fue tan terrible que suplicó “con gran clamor y lágrimas” al que lo podía librar de la muerte (Hebreos 5:7). Su sufrimiento era tal que su sudor era como grandes gotas de sangre, y un ángel vino para fortalecerlo. ¡La victoria fue completa! Jesús se entregó a sí mismo para hacer la voluntad de su Padre, costase lo que costase.


Con una sumisión y una obediencia perfectas, cuando la tropa de soldados llegó para arrestarlo, Jesús declaró: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11). Fue a la cruz por obediencia y allí respondió, en nuestro lugar, a las exigencias de la santidad de Dios. En él tenemos ahora el perfecto Salvador. ¡Depositemos en él toda nuestra confianza!

2 Reyes 24 – 2 Timoteo 1 – Salmo 75 – Proverbios 18:2-3

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Yo tengo a Cristo

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.Juan 6:68-69


Hace algunos años una joven cristiana iba en barco de Bristol, en Inglaterra, a Cardiff, en el país de Gales. Como de costumbre, distribuía algunos tratados bíblicos a los pasajeros. Uno de ellos, un hombre religioso, rechazó el tratado con las siguientes palabras: –Gracias, pero yo tengo mi religión. La joven le respondió amablemente: –Yo tengo a Cristo.
Dos años después, la joven hizo el mismo recorrido y volvió a encontrar al mismo hombre, quien la reconoció inmediatamente y le dijo: –¿Recuerda que me ofreció un tratado hace algún tiempo, y la breve conversación que tuvimos?
–Sí, dijo ella, lo recuerdo.
–Pues bien, respondió él, su respuesta no me dio descanso alguno hasta que, por la gracia de Dios, pude decir sinceramente: Yo también tengo a Cristo en mi vida. Y ahora me alegra poder contárselo.

Este hombre había reconocido en la persona de Jesús al Salvador y Maestro, a quien necesitaba personalmente. Había hallado una maravillosa paz, mientras que la estricta observancia de su religión no había logrado satisfacer las necesidades de su corazón. La redención y la paz con Dios son dones de gracia que solo pueden ser obtenidos mediante la fe en Jesucristo, quien murió por los pecadores y resucitó.


¿Ya dio usted personalmente este paso?
“Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:30-31).


2 Reyes 25 – 2 Timoteo 2 – Salmo 76 – Proverbios 18:4-5

MUERTO EN VUESTROS PECADOS


Adán… engendró un hijo a su semejanza.


¿Quién hará algo limpio de lo inmundo?

He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.


Y El os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
Sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago. Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no.
Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, …por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores.


Porque si por la transgresión de uno murieron los muchos, mucho más, la gracia de Dios y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos.
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.


A Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.


Gen. 5:3 Job. 14:4 Sal. 51:5 Ef. 2:1,3 Ro.7:14,15,18; 5:12,19; 5:15; 8:2,1 I Co. 15:57

Darse cuenta

Hay días, en los que por una u otra razón, la vida que el creyente ha trabajado por formar pareciera venirse abajo.
Días estos, en los que el creyente se siente sólo, como si hubiese sido dejado a la deriva con las cargas de la vida o como si siendo un ítem dañado nadie quisiera darle la mano.


Mas, en la espera Dios enseña. El creyente que espera en Dios tiene la oportunidad de fortalecer su fe, de darse cuenta de cuál es la raíz de su vida en Cristo y de reflexionar sobre sus propias fortalezas.
Nunca se es tan fuerte como cuando se está vulnerable. Puede sonar extraño, sobre todo en un mundo en el que aparecer poderosos parece ser la única manera de evitar ser atacados.


Empero, incluso cuando pareciera que Dios le ha dado la espalda al mundo, esto no es así. Dios es infinito amor y sabe que el mundo necesita de Él, mas el también sabe que la humanidad necesita darse cuenta por si misma de cuán lejos puede llegar para bien o para mal.


A veces es ineludible sufrir para llegar a darnos cuenta de la iniquidad de nuestras acciones y así aprender a tomar mejores decisiones en el futuro.
En otras oportunidades, la única forma de hacernos fuertes es levantándonos después de que la vida nos ha puesto de rodillas. Cada vez que el creyente se levanta, entiende un poco mejor lo que significa vivir en Cristo.


Así pues, la biblia invita al creyente a dejar de forma radical su vida en las manos de Dios; puesto que el Señor no gusta de quienes titubean (Gén. 19: 26) y, a entender que Dios siempre actúa para el bienestar último de los justos.
El Señor nunca se tarda, su tiempo es perfecto; aunque Su tiempo no sea el que sus discípulos quieren o esperan, el Señor armoniza con lo que sus almas buscan.

Creer de forma radical

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.Hebreos 11:6


Dios no hace promesas vanas y a lo largo de las Escrituras se ha dicho que Dios atiende los llamados de quienes le buscan en humildad y oración.
Es la fe la que hace a la humanidad heredera de la justicia divina (He. 11), pero esto no significa que por la fe las cosas se construyen solas y que los resultados aparezcan por arte de magia.
Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse.Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá.Habacuc 2:3


Lo que esto significa y lo que el creyente ha de recordar, es que la fe es su más preciado recurso, puesto que la fe es la batería con la que los fieles recargan sus fuerzas para seguir construyendo su futuro, siempre y cuando recuerden que han de construirlo de la mano de Dios.
Ahora bien, esperar en Dios es difícil porque habiéndose acercado a Dios, y estando a la espera de su intervención, el creyente está ansioso por dejarle a Él sus problemas.


El dilema está en que en la mayoría de los casos, lo que se busca es entregarle a Dios las cargas pesadas de la vida sin atreverse a dejarle a Él todo lo demás.
Valga resaltar aquí, que todo es absolutamente TODO; y esto incluye el conocimiento sobre qué es lo mejor para cada cual y cuándo es el mejor momento para actuar.
El Señor es perfecto, Él sabe lo que hace y esto es algo que, por las presiones de las circunstancias, tiende a ser olvidado.


(25) Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia.(26) Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.Romanos 8: 25-26


Dios es tan misericordioso que incluso cuando las personas se quedan sin palabras Él sabe lo que necesitan. Mas, Él no siempre interviene a menos que el corazón del hombre le busque, puesto que al crear al mundo Dios le dio al hombre la libertad de escoger cómo vivir.
Sin embargo, cuando el hombre enfrenta al mundo son su fe puesta firmemente en Dios, enfrenta las circunstancias de la vida con la fuerza divina, no sólo con sus habilidades humanas.

Esperar en Dios

La fe es la piedra de toque del Cristianismo, la raíz del árbol que representa la vida del creyente y, sin embargo, son muchos quienes siembran el árbol y olvidan nutrir las raíces.


Lo que nadie puede olvidar es que si se quiere un árbol fuerte y frondoso, las raíces necesitan ser tan fuertes y profundas como el árbol mismo. De lo contrario, cuando nuevas ramas y hojas quieran brotar, el árbol no tendrá fuerza ni nutrientes para sostenerlas y se vendrá abajo estrepitosamente.
En ocasiones, las raíces son dejadas de lado debido a la soberbia. Cuando las personas están bien, es tentador pensar que esto es gracias únicamente a lo que han hecho por si mismas y, así, hacen dioses de sus fortalezas, sean estas: belleza, o dinero, o inteligencia, etc.


Sin embargo, la vida es dinámica y no trae muchas certezas consigo. Las cosas pueden cambiar forma precipitada y, por este motivo, el soberbio no permanecerá.
Solamente si el corazón del hombre está puesto en el lugar correcto, si sus acciones son guiadas por el amor a Dios y por un amor al prójimo igual al propio, le es posible a lo humano encontrarse con lo Eterno, con lo Divino.


El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas.
Habacuc 3:19


Por otra parte, algunos creyentes al leer las Escrituras se quedan sólo con los fuegos artificiales, enamorados de las muestras de poder del Altísimo y, siendo honestos, ¿a quién le es posible decir que los fuegos artificiales no son cautivadores?


Señor, he sabido de tu fama; tus obras, Señor, me dejan pasmado.Realízalas de nuevo en nuestros días, dalas a conocer en nuestro tiempo; en tu ira, ten presente tu misericordia.Habacuc 3: 2


Muchos son quienes quieren que los milagros del Señor se manifiesten en sus vidas. Un buen número de creyentes ha fundamentado su fe en el poderío de Dios, mas no en Su voluntad, y se quedan perplejos cuando no entienden lo que Dios quiere de ellos.


Ciertamente, no hay nada que ponga más a prueba la fe que aquellos momentos en los que habiendo buscado a Dios, el hombre espera por una respuesta, por una señal de acción del Todopoderoso.

Buenas Tardes

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¿Algún problema en ser pasivo?

Es primordial aclarar la diferencia entre alguien pacífico y pasivo. La persona pacífica es partidaria de la paz, es decir, enemiga de los enfrentamientos; sin embargo, la pasiva, es conocida como aquella que no hace las cosas por sí misma, sino que espera que otros las hagan por ella, es una actitud opuesta al compromiso o la acción constante.


Por ejemplo, esta actitud se puede observar cuando se trabaja en equipo, algunos se comprometen con el trabajo y se esfuerzan para obtener buenos resultados, en cambio, el pasivo prefiere esperar a que alguien le diga lo que debe hacer, de lo contrario no hará nada.


Seguramente no te gustaría que esta persona esté en tu equipo, del mismo modo, nadie quiere tener una pareja pasiva; es decir, que no muestre compromiso en la relación, que espere que lo busques, que lo consientas y se olvide de los detalles o fechas importantes… eso tampoco le gusta a Dios.


“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.Jeremías 23:13

Si deseas encontrar al Señor entonces debe existir una acción constante de tu parte, en la que lo busques de todo corazón. Muchos no lo encuentran porque simplemente se entregan a medias, quieren seguirlo pero no asumen un compromiso y continúan sumergidos en su propia comodidad.
Ser alguien inactivo, en otras palabras, estar cómodos en la banca de la iglesia, no es algo que el Señor espera de nosotros. Así como nuestros padres quieren nuestro progreso para alcanzar un futuro exitoso ¡también Dios! Él desea que nuestro estado espiritual no se estanque, que seamos cristianos encendidos de oración, obedientes a su palabra y serviciales.


En esta oportunidad deseo animarte a ponerte de pie, decide aplastar el desgano, basta de esperar que otros te empujen a orar, a asistir a la iglesia ¡Muévete! Recuerda que Dios tiene un gran plan para tu vida y no lo cumplirás estando sentado, sal a predicar, ora por tu pastor, por los necesitados y apoya al que necesita una mano o consuelo.


¡Qué las personas conozcan un hijo de Dios activo!

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