viernes, 25 de mayo de 2018

Buenas Tardes

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Vidas transformadas

«Jesús le contestó: “Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna”». Juan 4: 13, 14, DHH


JESÚS se encontró con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Debido al odio ancestral entre judíos y samaritanos, ese territorio pudo haber rechazado la obra de Jesús. Sin embargo, junto al pozo, la mujer aceptó dialogar con nuestro Señor. El Salvador pasó de lo que parecía una conversación trivial a hablar de la salvación eterna, y la mujer, que esperaba al Mesías venidero, creyó en él cuando se reveló como el Mesías prometido.


La presencia de Jesús cambió las cosas para los samaritanos. Después de descubrir quién era ese forastero, la mujer fue a los suyos y les dijo: «Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?» (Juan 4: 29). Por su testimonio y su conversión, otros habitantes de la ciudad de Samaria creyeron en él: «Ya no creemos solamente por lo que has dicho, pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo» (Juan 4:42). La presencia permanente de Cristo en el corazón, en el hogar, en el trabajo, en los viajes, en las reuniones, es lo que marca la diferencia y produce conversiones genuinas.


Cuando Jesús llegó a Samaria, la semilla nació, creció y muchas personas le entregaron sus vidas. Cristo siega donde no siembra y recoge donde no esparce (ver Mateo 25: 26). Así es el poder de Dios. Él es el dueño, el que tiene el control de todo. Pidámosle todos los días que su presencia esté allí donde vayamos. Si hay desánimo, un corazón desvalido o un vacío por haber perdido a un ser querido, pidamos que la presencia de Cristo permanezca a nuestro lado y él suplirá toda necesidad, animará al desanimado y fortalecerá el alma.


La presencia de Cristo mitiga el sufrimiento y ablanda el corazón. Él da esperanza y fortalece la fe. Su presencia en nuestra vida hoy, puede transformarlo todo.

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¿Qué estás haciendo con tus talentos?

“Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mateo 25:23.

El pasaje bíblico que acabamos de leer nos muestra una de las mayores recompensas que podemos recibir del Señor al desarrollar los talentos, habilidades y capacidades que Dios ha puesto en nosotros. “Bien, buen siervo y fiel”. ¿Acaso uno no se siente feliz cuando alguien lo felicita por su trabajo o desempeño? ¿No es algo motivador recibir palabras de felicitación? Imagínate lo que puede significar para nosotros oír esas palabras de nuestro Salvador.


Lo cierto es que llegará el día en el que todos estaremos delante de nuestro Señor, ¿Qué crees que te dirá Él? ¿Qué estás haciendo con los talentos que Dios te ha dado?

Quizás pienses que no tienes tantos talentos como otros y por eso no puedes hacer nada; es verdad, no todos tenemos las mismas capacidades y habilidades. Unos tienen más talentos y otros menos. Pero, lo importante no es lo que tenemos sino lo que hacemos con lo que tenemos.


Te animo a leer toda la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) y fíjate que el Señor felicita por igual a las personas que trabajaron con lo que tenían. Esto es porque ambos hicieron todo lo que pudieron con lo que recibieron.


Seas una persona con muchos talentos o no, lo importante es que los pongas a trabajar. Dios siempre mira la intención de nuestro corazón y el cómo lo hacemos.

En cambio, sino haces nada con lo que tienes, como dice la parábola, se te quitará lo poco que tengas y se le dará al que tiene en abundancia, y serás expulsado a las tinieblas donde sólo encontrarás llanto y crujir de dientes. (Mateo 25:26-30)

Necesitamos examinarnos a nosotros mismos para ver qué talentos tenemos y qué estamos haciendo con ellos.

LOS FUEGOS DE LA LENGUA

Santiago 3:7-8


“Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”
La lengua es un monstruo sin huesos que se esconde detrás de una pared de esmalte esperando a atacar a su víctima!


La lengua pesa menos de 6 onzas, pero puede triturar y matar.
Santiago pinta un retrato vívido de la incontrolable lengua:
La lengua es una pequeña parte del cuerpo, pero causa grandes desastres. Considere como un gran incendio forestal empieza con una pequeña chispa. La lengua también es un fuego, un mundo de maldad entre las partes del cuerpo. Corrompe a toda la persona, incendia todo el curso de su vida, y el infierno mismo se enciende en sí mismo.


De tiempo en tiempo vemos como los bosques arden fuera de control, los bomberos sin esperanza tratan de parar la devastación hogares, negocios, escuelas, iglesias y millones de dólares en madera se pierden.
Lo mismo pasa con la lengua. Es la herramienta de Satanás para destruir hogares, matrimonios, amistades e iglesias.


La Biblia habla solo de dos fuentes de fuego para la lengua. Un incendio puede empezar con el fuego del Espíritu Santo Hechos 2, o por el fuego del infierno.
Nosotros somos quienes decidimos!


Las palabras son la transcripción de la mente. Las palabras de un hombre ponen en evidencia su carácter. Jesús dijo, “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Mateo 12:34

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Feliz Viernes



NO OLVIDES


Los tiempos de Dios 


no son los nuestros


Alimenta tu FE


en oración y con su palabra


A su tiempo


verás cuan grande es Dios

Hebreos 8

7 Si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, ciertamente no se habría procurado lugar para el segundo, 8 pues reprendiéndolos dice:

«Vienen días —dice el Señor—en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto.9 No como el pacto que hice con sus padresel día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto.Como ellos no permanecieron en mi pacto,yo me desentendí de ellos —dice el Señor—.

Buenos Dias

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jueves, 24 de mayo de 2018

Buenas Noches

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Un Dios invisible en una noche oscura

«Ustedes aman a Jesucristo, aunque no lo han visto; y ahora, creyendo en él sin haberlo visto, se alegran con una alegría tan grande y gloriosa que no pueden expresarla con palabras». 1 Pedro 1: 8


EL VIERNES 20 DE MARZO, cuando ya el sol se había ocultado y habían empezado las horas sagradas del sábado, nos disponíamos a descansar para poder llegar temprano a la iglesia el día siguiente y realizar actividades del Día de la Bondad y la Compasión en las iglesias que pastoreo.
Aquella noche, antes de irme a la cama una hermana vino a buscarme y me pidió que la ayudara a organizar algunas raciones que habían llegado para el distrito de Sabanetas. Salí junto con mi esposa dejando a nuestros hijos Nayelli de tres años y Christopher de siete durmiendo en casa mientras unas hermanas del vecindario se quedaron cuidándolos.


El trabajo se prolongó hasta casi medianoche, decidí regresar con mi esposa y llegamos a casa cerca de la doce de la noche. Al entrar a la casa, sin sospechar lo que nos esperaba, fui al baño y mi esposa fue a la habitación de huéspedes para que las hermanas que cuidaban a los niños pudieran dormir. De repente un disparo de escopeta arranca un grito de los labios de mi esposa. Salí del baño a toda prisa solo para ser interceptado por varios hombres enmascarados apuntándome sin decir nada más que «Vas a morir», y, pensando en que habían asesinado a mi esposa, reaccioné evitando que llegaran a mis hijos. Los hombres realizaron varios disparos que me impactaron en el lado izquierdo del cuello.


Un hermano y mi familia me trasladaron al hospital más cercano, que quedaba a una hora de distancia. Al llegar me ingresaron en la sala de emergencias, donde los doctores sorprendidos no entendían cómo la bala no había tocado la yugular. Uno de los médicos me dijo: «En el cielo te quieren mucho».


Aquella tenebrosa noche el Dios invisible se había hecho presente y salvó mi vida y la de mi familia. Hoy puedo seguir proclamando las buenas nuevas de salvación.
Es probable que no hayas atravesado una experiencia similar, pero hoy quiero que salgas a enfrentar la vida con la seguridad de que hay un Dios real que te protege.


Encomienda hoy tu vida en sus manos y el Señor podrá bendecirte.

Las manías de Dios

“Hay seis cosas, y hasta siete, que el Señor aborrece por completo” (Proverbios 6:16).


No me gusta que la gente se chupe los dedos cuando come, es una manía que tengo, y tampoco cuando me dicen: «¡Buenas!». ¿Tanto esfuerzo les supone terminar la frase con un «tardes» o un «noches»? «¡Buenas tardes!» o «¡Buenas noches!». No es tan difícil. Tampoco me gusta cuando en la autopista los conductores no se cambian al carril de la izquierda para facilitar la incorporación… ¡Comparte la carretera!


Estas son mis manías, y todo el mundo tiene al menos una o dos. Según proverbios 6: 16-19, incluso el Señor tienen algunas: seis para ser exactos. Bueno, igual son siete:


«Hay seis cosas, y hasta siete,
que el Señor aborrece por completo:
los ojos altaneros, la lengua mentirosa,
las manos que asesinan a gente inocente,
la mente que elabora planes perversos,
los pies que corren ansiosos al mal,
el testigo falso y mentiroso,
y el que provoca peleas entre hermanos».


Repasemos entonces: las seis cosas que Dios detesta son las miradas altivas, la falta de honestidad, la muerte de gente inocente, los planes malignos, a las personas que se apresuran a hacer el mal y a los que levantan falso testimonio. Sin embargo, para que quede bien claro, añade un séptimo elemento a la lista, algo que de verdad le molesta. Su mayor frustración la provocan aquellos que suscitan peleas entre hermanos.


Cuando te veas tentado a hacer correr un rumor, cotillear, actuar de manera exclusivista o decir algo que pueda provocar una pelea, recuerda esta lista de las manías de Dios. El Señor detesta que creemos división, puesto que de la división no puede salir nada bueno. Hacerlo solo hará que termines disgustándote a ti mismo, a Dios y a toda persona que se vea afectada por ello.


Ponlo en práctica: Antes de decir o de hacer algo controversial, piénsalo un momento y pregúntate: «¿Esto provocará conflicto o división?». Si la respuesta es sí, no lo hagas.


Ponlo en oración: Pide al Señor que te ayude a construir comunidad en lugar de destruirla.

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Evangelismo

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