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lunes, 11 de diciembre de 2017

Buenas Tardes

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¿Creyeron?

«Al ver Israel aquel gran hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios, el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés, su siervo». Éxodo 14: 31


EL DÍA EN QUE JAIME se unió al grupo de Alcohólicos Anónimos, todas las miradas se concentraron en él: alto, delgado, de cabello abundante y corto, emblanquecido prematuramente; vestía con esmero. Tenía un porte que lo destacaba de inmediato. Con voz calma, pero segura y firme, se presentó: empresario de éxito, sólida situación económica, viudo, dos pequeñas hijas. Tenía todo lo que, aparentemente, se necesita para ser feliz.


Pero su vida había perdido sentido. Estaba en el grupo después de un intento fracasado de suicidio. Y contó que, después de la muerte de su esposa, se había refugiado en el alcohol, con la idea de esconderse de su dolor. Lo que impresionaba en la experiencia de Jaime era que él jamás había creído en Dios; todo lo que había alcanzado en la vida lo había hecho gracias a su espíritu emprendedor y a su trabajo incansable. Pero ahora se encontraba en una situación sin salida. Recono- cía que era un pobre alcohólico, y que no podía liberarse del vicio por sus propias fuerzas. Una de sus pequeñas hijas había sido sanada milagrosamente de leucemia, y ese hecho lo llevó a reconocer la existencia y el poder transformador de Dios; había entregado su vida al Señor.
Pero ahora necesitaba de un programa de rehabilitación para librarse del vicio.Hay muchas personas que, como Jaime, solo entregan la vida a Dios después de una gran manifes- tación del poder divino. Ese fue el caso de Israel: sus dudas y sus quejas acabaron al presenciar el acto prodigioso a través del cual el Señor los libró de las manos de los egipcios, en el Mar Rojo. No les quedó otra alternativa, sino creer en el poder liberador de Dios.¿Crees en Jesús? ¿Crees en él porque presenciaste sus grandiosos hechos? ¿O eres capaz de creer, simplemente, por su amor maravilloso? Es admirable la manera como el ser humano cree en otro ser humano. Cuántas víctimas de engaños y estafas existen solo porque depositaron su confianza en promesas humanas, palabras bonitas que vendían ilusiones; pero no son capaces de creer en el Señor Jesús.


Haz de este un día de fe. Cree en Jesús de todo tu corazón aunque, aparentemente, no tengas motivos para hacerlo. Cree, simplemente. Pero prepárate para ver los hechos prodigiosos que él es capaz de hacer en tu vida. Y recuerda: «Al ver Israel aquel gran hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios, el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés, su siervo».

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La resurrección especial de los perdidos

«De ahora en adelante verán ustedes al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo». Mateo 26: 64, NVI


CONOCEN ESA VOZ que penetra hasta el oído de los muertos. ¡Cuántas veces sus tiernas súplicas no los llamo al arrepentimiento! ¡Cuántas veces no fue oída en las conmovedoras exhortaciones de un amigo, de un hermano, de su Redentor! Para los que rechazaron su gracia, ninguna otra podría estar tan llena de condenación ni tan cargada de acusaciones, como esta voz que tan a menudo exhortó con estas palabras: pueblo de Israel; conviértete de tu conducta perversa! ¿Por qué habrás de morir?» (Eze. 33: 1 1, NVI). iOh, si solo fuera para ellos la voz de un extraño! Jesús dice: «Como ustedes no me atendieron cuando los llamé, ni me hicieron caso cuando les tendí la mano, sino que rechazaron todos mis consejos y no acataron mis reprensiones» (Prov. 1: 24-25, NVI). Esa voz despierta recuerdos que ellos quisieran borrar, de avisos despreciados, invitaciones rechazadas, privilegios desdeñados.


Allí están los que se mofaron de Cristo en su humillación. Con fuerza penetrante acuden a su mente las palabras del Varón de dolores, cuando, conjurado por el sumo sacerdote, declaró solemnemente: «De ahora en adelante verán ustedes al Hijo del K, hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo» (Mat. 26: 64, NVI). Ahora lo ven en su gloria, y deben verlo aún sentado a la diestra del poder divino.


Los que pusieron en ridículo su afirmación de ser el Hijo de Dios enmudecen ahora. Allí está el arrogante Herodes que se burló de su título real y mandó a los soldados escarnecedores que lo coronaran. Allí están los hombres mismos que con manos impías pusieron sobre su cuerpo el manto de grana, sobre sus sagradas sienes la corona de espinas y en su dócil mano un cetro burlesco, y se inclinaron ante él con burlas de blasfemia. Los que golpearon y escupieron al Príncipe de la vida, tratan de evitar ahora su mirada penetrante y de huir de la gloria abrumadora de su presencia. Los que atravesaron con clavos sus manos y sus pies, los soldados que le abrieron el costado, consideran esas señales con terror y remordimiento.


Los sacerdotes y los escribas recuerdan los acontecimientos del Calvario con claridad aterradora. Llenos de horror recuerdan cómo, moviendo sus cabezas con arrebato satánico, exclamaron: «A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar. Si es el Rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrelo ahora si lo quiere» (Mat. 27: 42-43).

NO TIRES LA TOALLA

“He peleado la buena batalla, he llegado al termino de la carrera, me he mantenido fiel. Ahora me espera la corona merecida que el Señor, el Juez justo, me dará en aquel día. Y no me la dará solamente a mi, sino también a todos los que con amor esperan su venida”. (2 Timoteo 4:7-8).


Aquel inodoro apestoso y rebosante fue la gota que colmó el vaso. Yo acababa de tener una pelea verbal con una muchacha que tuve que sacar de las duchas cuando las luces ya estaban apagadas. Me habían mentido dos veces, y ahora el desastre del inodoro… Desde la puerta observé litros de aguas residuales derramados por el pasillo. Sabía que no podría soportar otro día como aquel. Sin decir palabra, regresé a mi oficina, cerré la puerta y le escribí un mensaje sarcástico a mi jefa. Aunque era mi primer mes trabajando en el dormitorio, le aseguré con rabia que aquel trabajo no era para mí. Había tirado la toalla.


Al día siguiente, ella me respondió: «No tires la toalla hasta que hayas estado el tiempo suficiente como para recibir una recompensa por tu trabajo». Al principio no entendí a qué recompensa se refería, pero decidí quedarme. Pronto comencé a hacer amistades y llegué a querer a las 83 muchachas del dormitorio. Algunas se quedaban hasta tarde en la noche conversando y riéndose conmigo en mi oficina; otras venían a mí en busca de consejos para estudiar la Biblia. Con la muchacha que saqué de la ducha aquella noche no solamente llegamos a ser buenas amigas, sino que tuve el privilegio de verla bautizarse un día antes de su graduación. Trabajar como preceptora resultó ser una de las bendiciones más grandes de mi vida y uno de mis trabajos favoritos. Mi jefa tenía razón: las experiencias que pasé fueron mi recompensa.


Uno de los últimos escritos de Pablo se encuentra en el versículo de hoy. Acercándose al final de su ministerio, se dio cuenta de que el momento de su partida de esta tierra estaba cerca. Mirando todo lo que había hecho durante su vida, anunció victoriosamente que había peleado la buena batalla y acabado la carrera. El premio le aguardaba: una corona de justicia y una vida eterna con Jesús.


A veces, sentirás la tentación de tirar la toalla en tu vida cristiana porque se hace demasiado difícil. Pero termina la carrera. Pídele al Señor que te ayude a mantener la fe, porque el premio que te espera ¡vale la pena!

¿QUIERES QUE DIOS TE JUZGUE A TI?

«No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes» (Mateo 7: 1).
 
UN DÍA, cuando iba hacia la iglesia, me crucé por el camino con una joven a la que no conocía de nada, pero aun sí, la saludé:
—Hola —le dije.
—Hola, cómo está —me saludó ella también con mucha educación. Y seguí mi camino. Simplemente había sido un gesto de cortesía y no pensé más en el asunto. Entré al templo, canté, oré, escuché el sermón, saludé a algunos amigos y hermanos, y salí con mi familia para la casa. En el camino, me encontré de nuevo con la misma joven.

—Hola, gusto en verla —me dijo ella, obviamente acordándose de nuestro encuentro anterior.
No le di mayor importancia al asunto, que al fin y al cabo no tenía ninguna importancia, pero días después, cuando estaba yo en la universidad, me volví a encontrar con la misma joven. Esta vez ella no iba sola, sino con un bebé.
—Hola, qué lindo tu bebé —le dije.
—Gracias —me respondió, y se fue, sin decir nada más.

Me pareció un poco brusca, pero no pensé más en ello. Terminé de hacer lo que me había llevado a la universidad y, cuando regresaba a casa, ¿puedes adivinar?, me encontré con la misma muchacha, pero sin bebé. Pasó por mi lado y ni siquiera me saludó, aunque yo me di cuenta de que me había visto. «Vaya, qué extraño —pensé—. A veces saluda, a veces no, así son los jóvenes de hoy, parece que no recibieron educación ni entienden de buenos modales». En mi mente, yo ya había llegado a la conclusión de que aquella muchacha era una maleducada.

Pasaron varios días y volví a cruzarme con ella (parecía que formara parte de mi vida). La saludé y me saludó con cariño. Entonces, para resolver mi duda, le pregunté por qué unas veces me saludaba y otras veces no. Se sonrió y me dijo que tenía una hermana gemela, un poco tímida; me dijo que ella tenía un bebé y que su hermana era soltera. ¡Por fin había resuelto el misterio! Y aprendí una lección: no juzgues a nadie sin conocer su historia. ¡Creo que el versículo de hoy tiene toda la razón!


FELIZ LUNES



Que la bendición de Dios 


te acompañe en este Feliz Lunes. 


Feliz Lunes, 


Desechemos lo malo


y vamos a vencer el mal


haciendo el bien,


no dejes dentro de ti


pensamientos de derrota 


ni ningún pensamiento 


que traiga depresión.

Galatas 4

Exhortación contra el volver a la esclavitud


8 Ciertamente, en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; 9 pero ahora, ya que conocéis a Dios o, más bien, que sois conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10 Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años.11 Temo que mi trabajo en vuestro medio haya sido en vano.
12 Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros. Ninguna ofensa me habéis hecho, 13 pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; 14 y no me despreciasteis ni rechazasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo. Al contrario, me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. 15 ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubierais podido, os habríais sacado vuestros propios ojos para dármelos. 16 ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo por deciros la verdad?
17 Se interesan por vosotros, pero no para vuestro bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros os intereséis por ellos. 18 Bueno es mostrar interés por lo bueno siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros.
19 Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, 20 quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.

Buenos Dias

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domingo, 10 de diciembre de 2017

Buenas Noches

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Confiar en Dios aunque…

Leer: Daniel 3:13-25
… nuestro Dios a quien servimos puede librarnos… (v. 17).


Por una lesión que tuve en 1992, sufro dolor crónico en la espalda, los hombros y el cuello. No siempre es fácil confiar en el Señor y alabarlo cuando me siento más dolorida y desanimada. Pero, justamente, en esos momentos insoportables, la presencia constante de Dios me consuela y me fortalece, al asegurarme de su bondad inmutable, su poder ilimitado y su gracia sustentadora. Y, en los momentos de duda, la fe de Sadrac, Mesac y Abed-nego me alientan, ya que ellos adoraron a Dios y confiaron en Él aun cuando su situación parecía sin salida.
El rey Nabucodonosor amenazó con arrojarlos a un horno ardiente si no adoraban su estatua de oro y abandonaban al Dios verdadero (Daniel 3:13-15), pero ellos demostraron valentía y fe. Nunca dudaron de que el Señor era digno de su adoración (v. 17), «aunque» no los rescatara de su dificultad (v. 18). Y Dios no los dejó solos en su necesidad; se unió a ellos y los protegió (vv. 24-25).


Dios tampoco nos deja solos a nosotros. Permanece a nuestro lado en pruebas que parecen ser tan destructivas como el horno de Nabucodonosor. Aunque nuestro sufrimiento no termine de este lado de la eternidad, Dios es y será siempre poderoso, confiable y bueno. Podemos descansar en su compañía constante y amorosa. 


Señor, gracias por acompañarme, pase lo que pase.


La fe no depende de las circunstancias, sino del carácter inmutable de Dios.

Primero lo primero

Leer: 1 Timoteo 4:12-16
Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina… (v. 16).


Cuando viajas en avión, antes de despegar, un empleado de la aerolínea da algunas instrucciones sobre seguridad, detallando qué hacer en caso de que se despresurice la cabina. Se les dice a los pasajeros que caerá una máscara del compartimiento superior y que deben colocársela antes de ayudar a los demás. ¿Por qué? Porque, antes de que puedas ayudar a otra persona, tú mismo necesitas estar físicamente preparado.


Cuando Pablo le escribió a Timoteo, enfatizó la importancia de que él se mantuviera espiritualmente sano antes de ayudar y servir a los demás. Le recordó sus numerosas responsabilidades como pastor: había que refutar falsas enseñanzas (1 Timoteo 4:1-5) y corregir doctrinas equivocadas (vv. 6-8). Pero, para cumplir bien con sus deberes, lo más importante tenía que ver con él, y le dijo: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello» (v. 16). En primer lugar, debía cuidar su propia relación con el Señor, para, luego, poder ocuparse de los demás.


Esto mismo se aplica a nosotros hoy. Todos los días, nos encontramos con personas que no conocen al Señor. Después de oxigenarnos espiritualmente con la Palabra de Dios, la oración y el poder del Espíritu Santo para estar bien con Dios, estaremos preparados para ayudar a los demás. 




Señor, aliéntame con tu Palabra hoy.


La vida del cristiano es la ventana por donde los demás pueden ver a Jesús.